Ay qué asco! Será?

Redoble de tambor, por favor.

Hoy, después de desayunar y acompañar a mi señor marido a la puerta, me he quedado ahí petrificada en la puerta, toda mona yo. Ay qué asco. Hay algo que quiere volver. Y me he girado para ir al baño.

Entonces mi marido ha abierto la puerta y me ha visto ahí, a medio giro, con cara de circunstancias.

Y le digo, creo que quiero vomitar. Y de repente, sonrisota. Eso es bueno, no?

10 minutos en el baño, con sensación de morir. Pero no he llegado a vomitar y de repente, tal cual había venido, se ha ido.

Repaso mentalmente todos los motivos que se me ocurren (además del deseado, claro). Embarazo bioquímico. El pastel de más que comí ayer. El calor. Embarazo psicológico. Tanto suplemento alimenticio. El trabajo, que no es bueno para la salud.

A ver si mañana hay suerte y me encuentro peor 😉

¡Qué amazona!

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Antes del verano, en un momento de iluminación, compré un ticket de estos que aparecen cada mañana en el correo. Estos que nos avisan de ofertas que duran sólo un rato y se acaban pronto, así que compra ya! Aunque no se te hubiera ocurrido y no lo necesitas, pero qué descuentazo!

En fin, el ticket en cuestión era para una excursión a caballo. Qué bonito, pensé yo. Y procedí a dar mis datos bancarios. Y luego, dejé pasar 4 meses sin reservar porque me entró miedo. ¿Y si me caigo del caballo? ¿Y si todos se rien de mí? ¿Y si mi caballo se vuelve loco y arranca a correr? Esas cosas pasan, que sí, que lo he visto en la tele.

El Mr, que para estas cosas es un poco insensible, me avisó la semana pasada de que ya había llamado él y teníamos hora este sábado.

Así que nada, ahí que fuimos el sábado. No hubo heridos, a parte de mi ego (sí, definitivamente era la peor de la clase, esa a la que el profe le pregunta 10 veces cómo lo lleva). Pero a pesar de eso, ¡me lo pasé teta! Y después, ¡el subidón de haber superado un minimiedo!

(La foto, mi preciosa yegua, a la que le cogí cariño pero que el Mr me ha asegurado con posterioridad que era la más peligrosa de todas, que él le veía la cara de mala leche y que ya se veía teniendo que correr por mi vida)

Salmón con acelgas

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Las acelgas, sorprendentemente buenas. Hacía años que no las comía, las recordaba mucho peor (no sé si el paladar me ha cambiado con la edad o las orgánicas saben mejor?).

El salmon, nuestra mini receta preferida, marinado con una mezcla de salsa de soja, miel y aceite de oliva.

Y para merendar, una perita súper jugosa!

Una hippie se ha comido a mi mujer!

Mi marido, pobre, siempre ha sabido que yo no estoy muy bien del ático y soy propensa a que me den ataques de hippismo. Una vez, 2 meses antes de la boda, con todo contratado, le dije que quería reorganizar nuestra boda para que fuese en el jardín trasero de un hostal que encontramos por ahí. Él pacientemente me acompañó a hablar con los del hostal, hizo las preguntas incómodas y negoció un precio, todo sin rechistar. Pa que la princesa sea feliz. Al final dado que la boda era al medio día y en julio, al final me decidí por seguir con el plan establecido de comida en hotel con aire acondicionado… que el día de la boda se estropeó y nos asamos todos igualmente!.

Vaya, que ya sabía dónde se metía. Pero con el tiempo se va acentuando en mí el hippismo y le cuento que quiero un parto natural no medicalizado (yo! que soy fan nº 1 del espidifen como solución a los problemas del mundo), que los huevos que tienen un 0 delante son mejores… y la semana pasada le comento, como quien no quiere la cosa, que me he gastado 35 euros en fruta y verdura. ¿¡Qué cuanto?! Y es que mi marido no es catalán, pero está muy bien integrado y es gran devoto de la virgen del puño apretao.

Pues sí, 35 euros en 8 kgs de fruta y verdura orgánica, que nos ha llegado hoy. Va a ser un reto que nos la comamos toda antes de que se ponga mala, porque comemos mucha menos de la que deberíamos. Pero es parte de la gracia, no? Me toca demostrarle al Mr. que no ha sido tirar el dinero, así que a comer verdura se ha dicho. Y toda la semana fruta para el desayuno de media mañana.

Esta noche, salmón al estilo de casa acompañado de acelgas.

Mes 4: ovulado

Ya sé que la evolución de mis ciclos tiene muy poca importancia en la vida de los demás. De hecho, a mí misma me daría lo mismo si no fuese porque ah, sí, me despierto a la 1 de la mañana pensando que se me ha olvidado tomarme la temperatura basal. Vaya, que no pienso en otra cosa que mis ciclos, si ovulo o no ovulo, si hay o no hay bebé. En fin, paciencia, todas las fases pasan y esta también lo hará.

Subo el resumen de mis tests de ovulación de la última semana, que obra de arte! Ovulé en algún momento entre el día 14 y el 15 del ciclo, cosa que me parece fantástica y felicito a mi cuerpo ante tal hazaña! Si es que la última vez que le tocaba a este ovario, el perezosillo (dicho con mucho cariño), creo que me dio plantón y no ovuló. Pero este mes, nos hemos puesto las pilas con el plan súper fertilidad, y míralo él qué majo!

No sé si habremos hecho puntería, pero ahora empieza la espera. Al menos más tranquila porque siento que algo ha mejorado el tema.

Turismo local

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El último día en Lisboa, sentados en una terracita delante del estanque de un pequeño parque, tuvimos un insight, que diría nuestro profe de coaching. Vaya, que nos caímos del burro y nos dimos cuenta de que hay un montón de cosas que dejamos para las vacaciones, que realmente podríamos disfrutar en el día a día. O, si más no, en los fines de semana. Y decidimos hacer un esfuerzo por salir más de la rutina y conocer lugares nuevos que nos queden más a mano.

Empezamos este sábado por un paseo que hacía tiempo que decíamos que estaría bien hacer, pero nunca encontrábamos el momento. El delta del llobregat. Nos fuimos por la parte de Viladecans, dimos la vuelta al pantano, robamos (y nos zampamos) un par de moras silvestres, y luego caminamos hasta la playa. Es una de las últimas que quedan por aquí no urbanizadas. Como tal, no hay socorristas ni chiringuito y hay alguna que otra pareja nudista. Nos dimos un chapuzón, disfrutando de una de las pocas playas que debía haber este sábado sin casi gente.

Y estábamos a las 2 en casa, duchaditos y listos para comer.

Lo malo es que algo debí tocar que me hizo reacción (a lo mejor el spray antimosquitos?) y me desperté de la siesta con los ojos hinchados como Rocky Balboa después de una mala pelea. Visita a la farmacia y antihistamínicos.

La vuelta al cole

Ahh.. los últimos días de vacaciones! El jueves vuelvo a trabajar. Siempre intento empezar en miércoles o jueves, para suavizar el golpe.

Por suerte, como el Mr. no ha dejado de madrugar para ir a trabajar en todo el mes, y yo me he estado levantando con él por solidaridad y preparando el desayuno. Así que sin problemas para volver a acostumbrarme al despertador. Lo que sí que a lo mejor resultará difícil será acostumbrarme a ser productiva otra vez. ¿Sabré abrir el excel?

En septiembre cogemos vacaciones otra semanita, esta vez juntos. Todavía está por determinar el plan. El Mr. vota por ir fuera, yo también… pero miro los precios y se me nubla la vista. Y empiezo a pensar, y luego súmale lo que gastemos en comida

Lisboa

El fin de semana pasado, aprovechamos el puente para hacer una escapadinha a Lisboa. Como toda escapada turística corta a una ciudad, fue agotadora! Caminar, caminar, caminar… y bajo un calor de justicia! Pero la verdad que lo hemos pasado muy muy bien, nos hemos reído mucho y nos ha servido para desconectar bastante.

(Las vistas desde la habitación del hotel, y el desorden de la habitación, con mi marido en horizontal y sin zapatos, que era lo que más apetecía)

Hemos comido pescado, arroz de pescado, más pescado… y hemos pasado del pastelito de nata porque a ninguno de los dos nos gusta la nata, por mucho que la guía de viajes cogida de la biblioteca no estuviese de acuerdo con nuestra decisión!

El ambiente de la ciudad, a primera hora de la mañana, en los momentos menos turísticos me encantó. Las calles estrechas alrededor del Castelo, la subida sombreada por la avenida Liberdade, las vistas desde lo alto del Parque Eduardo VII…

Lo peor? probablemente por pura paranoia, no nos hemos sentido 100% seguros. En la comida del primer día, el dueño del restaurante diminuto dónde comimos nos advirtió, como pudo, entre portugués y gestos, que el bolso delante y bien cogido todo el tiempo, que cuidado. Seguimos su consejo, y por suerte al final la paranoia no estuvo justificada y volvimos a casa sin ningún incidente.

Etapas

La vida son etapas, y por mucho que ahora me apetezca correr hacía la siguiente etapa que veo en el horizonte… la verdad es que la que me está tocando vivir ahora no está mal 😉

Probablemente pasaran varios años hasta que mi marido y yo volvamos a tener tanto tiempo a solas para charlar, o para dormir. Y el proceso por el que se buscan los bebés tampoco es para nada desagradable!

Así que sí, es veranito, a lo mejor nuestro último verano como pareja. Vamos a disfrutar esta etapa, lo que quiera durar! Empezando por este fin de semana de 3 días que aspecta muy bien!

 

Pan francés

Ayer domino, nos dio por hacer pan. Está mal que lo diga yo, pero salió muy muy bueno y creo que se convertirá en mi receta favorita de ahora en adelante.

Basado en esta receta, pero ligeramente adaptado.

En un bol grande, poner 2 tazas de harina. Añadir 2 tazas de agua tibia. Añadir 2 sobrecitos y medio de levadura de panadería seca (la típica de Maizena de la caja amarilla). Añadir 2 cucharaditas de sal.

Mezclar bien.

Añadir 3 tazas más de harina y una cucharada de mantequilla a temperatura ambiente. Mezclar bien.

Amasar unos 10 minutos, hasta que la masa esté uniforme y elástica.

Hacer una bola con la masa, engrasar el bol que estábamos haciendo servir con un poco de aceite o de mantequilla. Poner la bola de masa en el bol, tapar con papel de cocina transparente. Dejarlo reposar en un lugar cálido durante 1 hora más o menos, hasta que doble en tamaño (dependerá de cómo de cálida sea la habitación).

Aplastar la masa, hacer dos partes. Dejarla reposar otros 10 minutos cubierta con el papel transparente.

Hacer lo más parecido a barras de pan que sepáis hacer, si hay pliegues, que queden por la parte de abajo.

En una bandeja de horno, poner un poco de mantequilla y aceite y luego harina de maiz. Encima poner vuestras barras de pan improvisadas.

Volver a tapar con el papel transparente y dejar reposar 45 minutos en un lugar cálido.

Precalentar el horno a 190 º C con el programa del horno que calienta por arriba y por abajo.

Pintar el pan con leche o con clara de huevo mezclada con agua (yo uso leche porque sino no sabría que hacer con la yema…). Meterlo en el horno.

A los 20 minutos, mirarlo para que no se queme y volver a pintarlo con leche o huevo.

Dejarlo 20 minutos más. Como truquillo, el pan está listo cuando al golpearlo (como si llamaseis a la puerta) suena hueco.

Esta receta hace 2 barras de pan bastante grandes, si sois pocos en casa os recomiendo que hagáis sólo la mitad (una vez está hecho, es difícil resistir la tentación y no comerlo todo).